lunes, marzo 23, 2020

DESTINOS VOCACIONALES

Cualquier tipo en el Korova con menos de cinco detenciones corre el riesgo de ser confundido con un policía. Incluso, en cierta ocasión, llegó al club por un trabajo de camarera una jovencita procedente de un perdido pueblo de Arizona, y ofreció sus antecedentes penales como currículum. A Dave, el propietario del Korova, le duró la sorpresa el tiempo justo de preguntarle si podía empezar esa misma noche. En doble turno.
Por eso todos se extrañaron la primera vez que vieron entrar a Jim McDonagh, hijo del comandante de policía de Chicago Sam McDonagh, con una hoja de servicios tan impecable que habría servido para limpiar el jabón. Jim era hermano, sobrino y primo de otros doce miembros del cuerpo, una de esas estirpes irlandesas a las que bastaría el tañido de su orina contra el suelo para que sonase como si te estuviesen leyendo tus derechos. Jim llevaba del brazo a una espectacular mujer, cobijada por un abrigo de visón y una de esas sonrisas que te enamoran, pero te dejan la certeza de que te costará salud y dinero. Le bastó con levantar la mano para pedir un par de copas, encender un pitillo y una mirada a la mesa de póker, de las que sólo se ensayan en la cárcel o en un prostíbulo, para que todos comprendiéramos que encajaba perfectamente en el local. 
No tardó en frecuentar el club y convertirse en un ser tan habitual como cualquier borracho o prostituta. Con el tiempo Dave me contó su historia y cómo, lejos de continuar la tradición familiar, Jim había decidido estudiar medicina. Pero mientras su padre soñaba con que algún día dirigiría un hospital, donde él mostró una verdadera vocación fue con las mujeres, el alcohol y los naipes. Le gustaba frecuentar partidas clandestinas, fiestas privadas y la clase de mujeres con las que uno se acuesta oliendo a Chanel y se levanta apestando a problemas. Hizo contactos en la noche con gente poco recomendable que pronto le vieron como uno de los suyos, hasta el punto de que la banda de Salvattore Cozzo acabó reclutándolo. Jim se convirtió en Doc, un médico que la banda utilizaba para ese tipo de urgencias por las que no se puede acudir a un hospital. Lo mismo entablillaba un brazo roto accidentalmente por un bate de béisbol, que extraía una bala, que solucionaba un embarazo inoportuno. Era uno de los suyos, hasta tal punto que el propio Cozzo aseguraba que el whisky Jameson de doce años y Jim McDonagh eran los dos únicos irlandeses que lo habían tocado en su vida.
Era un tipo de pocas palabras pero con una conversación agradable. De los que notas que lo más importante de la charla se lo ha quedado guardado. En cierta ocasión le insinué que había elegido una vida distinta de la que parecía destinado. Acodado en la barra, sin perder de vista a una de las nuevas camareras, me respondió:
—Toda buena familia debe tener a alguien que manche su reputación y sirva para dar fuste a las necrológicas. A mi padre le gustaba la música del poder— me dijo mientras echaba un trago a su whisky.
Todavía le pareció necesario explicarme algo más.
—A mí, muchacho, la única música que me gusta es el sonido del humo de un cigarrillo chocando contra una sonrisa barata, mientras saboreo el color de los hielos en un vaso.

domingo, febrero 02, 2020

VAMOS A LO FÁCIL


Todos vamos a lo fácil. En la sabana los leones se acercan a una manada de ñus, ponen el ojo en el más renqueante y se lanzan por la pieza más vulnerable. Las cuatro de la mañana en la barra de un bar, se van desinflando las posibilidades, te entran las urgencias, y aparcas planes, anhelos y escrúpulos para lanzarte a por la sonrisa de guardia que tenemos la certeza que nos dará asilo. Los atléticos no somos diferentes, mucho ‘Atleti hasta la muerte’, ‘siempre hay que creer’ o ‘contigo hasta el final’, pero cuando vienen mal dadas aparecen los escalpelos y la sangre a chorrear por debajo de la puerta. Nadie se libra, ni siquiera Simeone. Una temporada tibia, dos malos resultados y ya hay quien pide el cuerpo del Cholo en el fondo del Manzanares relleno de plomo y que pase el siguiente. Porque vamos a lo fácil, a abandonar el barco, y lo complicado es seguir creyendo.
            Pocas cosas más fáciles que cambiar de opinión. Comenzamos el año desencantados, pero bastó la agonía contra el Barcelona y un buen partido contra el Madrid para arrojarnos dos certezas: una, que este equipo sigue sabiendo competir y otra, que si los que lanzan los penaltis en el Atleti son los elegidos, los descartes deben dar miedo. Dos encuentros más tarde, cuando los resultados no acompañan, volvemos al lodo, a nuestro rincón de la barra a lamentarnos y recrearnos en nuestras miserias. A lo fácil.
            Mientras tanto hemos tenido un mes animado. Además de aprender que una falta, dependiendo de quien la haga, te convierte en un fino estratega o merecedor de ser procesado en la zona euro, el fichaje de Cavani nos ha dado para distraernos con el enésimo intento del Atleti por rebajar el precio de un jugador pagándolo con estampitas, bisuterías y media docena de unicornios. Aun con la duda de si el uruguayo es hoy día un reputado goleador o los escombros de un ex futbolista, su llegada parecía acertada, aunque sólo fuese por encontrar un resorte que quebrase la dinámica negativa en la que estaba instalado el equipo. Como el que va al casino y tras una mala racha comienza a rezar, se cambia de mano el reloj o estrena una nueva baraja. En situaciones así, uno se agarra a Cavani, a Saponjic o a Correa de portero. O desesperado busca de madrugada al fondo del bar y se encuentra con Carrasco. Y nos basta con su recuerdo y media sonrisa de guardia de su madre para querer ver de nuevo al belga en el Atleti. Así de fácil lo ponemos.

                    Y de este modo nos plantamos en el Bernabéu, rodeados de dudas, problemas y lesiones. Como que el que acude a su boda de la mano de un abogado matrimonialista y con los papeles del divorcio en la otra. Tras el partido no habrá sorpresas, y todos afirmarán con rotundidad que lo tenían claro, que lo veían venir. Que era el resultado lógico viendo las alineaciones. Estarán los que desde un bar, con un ojo en Twitter, el otro en el partido y la atención en algún escote cercano, harán en función del resultado un fino análisis del partido. Y, por supuesto, los que recurriremos a los viejos chistes de siempre para terminar de escribir una columna. Porque todos vamos a lo fácil.
(texto publicado originalmente en La Vida en Rojiblanco el 31 de enero de 2020 VAMOS A LO FÁCIL)

viernes, enero 03, 2020

LAS CENAS DE NAVIDAD

A las cenas de empresa en Navidad hay que llegar con las expectativas controladas. Te presentas ilusionado con un menú suculento, con que el jefe te sorprenderá con un regalo y con que la rubia de contabilidad se mostrará receptiva a tomar una copa en tu casa, y acabas de madrugada fundiéndote en algún garito la paga extra, el hígado y la poca dignidad que te resta, mientras escuchas a Paco, el de mantenimiento, las mismas batallas desgastadas de todos los años. En el mercado de futbolistas navideño te puede ocurrir lo mismo, lo abres entusiasmado por Cavani y en descuidarte amaneces resacoso y encamado con el Richard Núñez de turno. Algo sabe de esto el propio Miguel Ángel Gil, que llegó a la comida de las pasadas Navidades ilusionado con lo de Morata y al rato descubrió que Lucas Hernández tenía pensado tomarse el postre ya en Munich. En cualquier caso, es lo previsible en estas fechas. Mucho menos habitual es lo ocurrido este año con las lesiones. Se han prodigado de tal modo, de todo tipo y en tantos futbolistas, que por momentos parecía una plaga bíblica. Llegó un punto en que daba la impresión que, para completar una convocatoria de dieciocho, haría falta citar a Indi, Clemente Villaverde y el doctor Villalón.
            Lo cierto es que el año se acaba y este 2019 ha transformado al equipo. Se cerró una etapa del vestuario con la marcha de gran parte de los jugadores que formaron su núcleo duro durante años: Godín, Juanfran, Griezmann, Filipe Luis o Lucas Hernández. Poco antes fueron Gabi, Torres o Tiago los que se despidieron. Y, aunque sus taquillas las ocuparon nuevos futbolistas, todavía está vacante quien luzca sus galones. Estamos todavía adaptándonos. Es lo normal, llevas diez años yendo todos los fines de semana al mismo bar, con la misma gente, y cuando te lo reforman y entras de nuevo, lleva su tiempo elegir tu rincón favorito, pillarle el aire a los camareros o acertar con la salida tras una borrachera.
Mientras tanto, con los nuevos mantenemos la desconfianza natural en estos casos. Recelamos de ellos cuestionando sus orígenes, su precio o hasta su peinado. Algunos atléticos se pasan de frenada y dudan inclusos de los veteranos, los que llevan años con nosotros y el escudo incrustado en el pecho. En fin, tiene que haber atléticos para todos los gustos. De hecho, tampoco en 2019 nos hemos librado de los se esa clase que, cuando el equipo gana, aparecen para cuestionar las formas o el estilo. Me cuesta entenderles, y siempre he pensado que se trata de gente infeliz, que esa gente también te criticaría si saliendo por las noches, comiendo y bebiendo lo que te gusta, gozaras de buena salud. Porque lo correcto para ellos sería estar sano siendo abstemio, vegetariano, ecológico, y acercarte únicamente a mujeres con las que la probabilidad de morir de aburrimiento sea mayor que la de que te contagie alguna venérea.
Personalmente, hace mucho que las cuestiones sobre el estilo del Atleti me aburren. Soy de los que prefieren que un jugador del Atleti en su currículum, antes que un título de bellas artes, luzca antecedentes penales. O tatuajes patibularios antes que un máster bajo el brazo. Probablemente, por el mismo motivo por el que en las cenas de Navidad de la empresa siempre me coloco al lado de algún tipo que suela liarla. Para evitar decepciones y tener las expectativas bajo control.


(texto publicado originalmente en La Vida en Rojiblanco el 31 de diciembre de 2019 LAS CENAS DE NAVIDAD)

domingo, diciembre 22, 2019

GRIEZMANN Y LAS EX


Es mentira. Nadie se lleva bien con su ex, va contra la lógica. Al menos en cualquier unión en la que haya habido más pasión que burocracia. Cuando una relación termina, por mucho que insistamos, los deseos y las mentiras de protocolo permanecen en aire el tiempo justo, hasta que salen a flote los reproches, las deudas y las traiciones. Y cuando te quieres dar cuenta, estás en casa recortando las fotos y con la duda de si alguno de los besos no estaba infectado.
Griezmann volverá el domingo al Metropolitano y no será bien recibido, porque su relación con el Atleti fue intensa, a fogonazos, de las que dejan la cama que no sabes si debes cambiar las sábanas o quemarlas. Ocurre siempre en el fútbol cuando los trofeos y las decepciones se almacenan junto a los recelos y las infidelidades. Hasta tuvo un cuñado plomizo, de esos que aparecen en el momento más inoportuno, tocando las narices en las redes sociales. Aun así, es innegable que el galo fue capital en el juego del Atleti estos últimos años, hasta el punto de convertirse en el quinto máximo goleador de la historia del Atleti. Pero, tan cierto es eso como que, en un partido clave como la final de Milán, Griezmann falló el penalti en el momento decisivo. Por no mencionar el encuentro del año pasado en Turín, donde se mostró apático y distante, para más tarde descubrir que lo jugó con el cuello de la camiseta manchado de carmín azulgrana y aroma a pan tumaca.

Decía Gengis Kan que no basta con tener éxito, los demás deben fracasar. Como soy un tipo con ambiciones de andar por casa, incluso me basta con que los demás fracasen. Por eso se me dibuja una sonrisa de satisfacción cuando me cruzo a mi ex y no veo ya en sus ojos la chispa que tenían cuando estaba conmigo. Arda, Carrasco o Theo podrán contar como se marcharon buscando la pasión con otra pareja, pero sólo encontraron problemas, soledad y rutina. El caso de Griezmann es todavía más flagrante, ya que ha canjeado su rol de estrella indiscutible por el de comparsa invitada. De líder de un proyecto a cebar los mates para otros. Se ha convertido en el invitado a la fiesta por el que nadie pregunta cuando no aparece. Desde la distancia da la sensación de que se ha adaptado al Barcelona igual que los brasileños a los bailes cosacos. Por eso disfrutamos viendo a los aficionados culés o sus compañeros de equipo, escrutándole con recelo, como haría una madre cuando su hija le presenta al novio que le puso los cuernos el verano pasado, y que arrastra tras de si los escombros de un divorcio y un par de pensiones de paternidad.
            Griezmann eligió engordar su palmarés en el Barça antes que convertirse en una leyenda del Atleti. Una decisión que le marcará para siempre como un tipo que escogió pasar el resto de su vida con una mujer con la que compartir el deportivo, la mansión y su cuenta corriente. Algo respetable, sin duda. Pero que le aleja de los atléticos, que siempre preferimos a las mujeres con las exista el riesgo de poder acabar en alcohólicos anónimos, en bancarrota o con la posibilidad de contraer alguna venérea.

(texto publicado originalmente en La Vida en Rojiblanco el 29 de noviembre de 2019 Griezmann y las ex)

sábado, noviembre 02, 2019

LOS CAMBIOS Y LAS REPARACIONES


Llega el técnico de reparaciones a casa, evalúa tu instalación en quince segundos y emite su diagnóstico: “¿quién coño te hizo esta chapuza?”. Duro, contundente y sin fisuras. Da igual el cómo, el por qué o el dónde se hizo, porque para los análisis no hay tiempo ni ganas. Aterriza un nuevo entrenador a mitad de temporada, huele el vestuario, ve el nudo en las botas de los jugadores, y le basta para torcer el gesto porque físicamente están mal, como si la pretemporada y los fichajes se hubiesen hecho en la sobremesa de una cena de empresa. Si el recién llegado es un director deportivo, tendrá que crear nuevas estructuras. Y si la novedad es una pareja, te toca cambiar los baños, la cocina y la cuenta del banco, porque no sabe cómo narices has podido vivir tanto tiempo así. Si la ex pasó siquiera cerca del colchón, ya puedes añadirlo a la cuenta.
Vivimos tiempos vertiginosos, donde lo que marcha se cambia, no se repara. No queda sitio para la paciencia, ni los análisis, sólo para la inmediatez y el cortoplacismo. Olvidamos el camino que nos ha llevado donde estamos. Cuando alguien reclama una evolución en el Atleti, olvida que para Simeone la solidez y la defensa han sido las bases del equipo. Olvida que con él el club ha experimentado un crecimiento inaudito. Olvida, incluso, que de las diez ligas que luce el Atleti en su palmarés, la mitad se ganó siendo el equipo menos goleado. Otras tres más siendo el segundo o tercero. Y que si una cosa nos ha enseñado la vida, es que cuando algo funciona en el trabajo, los estudios o los bares, lo sensato es continuar con ello.

Le ocurre a menudo a los tipos que salen pocas noches. Van a un bar, la camarera les regala una sonrisa que pronostica sus intenciones, el itinerario y hasta el outfit para llegar a su cama, y los tipos vuelven a sus hogares con el ánimo crecido y la sensación de que la paciente esposa que aguarda en casa se les queda corta. El Cholo comete errores y está lejos de ser infalible, pero es posible que el mayor de todos haya sido mutar una afición que estaba alicaída en una masa ambiciosa. Demasiados Atléticos esperan que el equipo se equipare y compita con los más grandes, y quedan frustrados y pidiendo cambios cuando llegan las derrotas. Porque nada da más ganas de cambio que los divorcios y las derrotas. Pero los que hemos vivido los años complicados del Atleti, cuando las temporadas eran tan grises que parecían una canción de Enrique Urquijo, mantendremos la fe intacta en Simeone. Porque no olvidaremos esos años tristes en los que si hubiesen entrado a robar a la sala de trofeos del Atleti, de las vitrinas recientes sólo se habrían podido llevar el vacío que almacenaban. Cuando los atléticos como mucho ambicionábamos que al acabar el partido, pillásemos el bar abierto. Y que, con suerte, el técnico pudiese reparar la instalación sin necesidad de cambiarla.


(texto publicado originalmente en La Vida en Rojiblanco el 31 de octubre de 2019 LOS CAMBIOS Y LAS REPARACIONES )

lunes, septiembre 30, 2019

LAS PRISAS


O me estoy haciendo mayor o muy lento, porque necesité temporada y media para detestar a Seitaridis y, mientras, a otros les basta con un par de partidos para condenar a un jugador. Son tan rápidos que le hacen la autopsia a un futbolista antes de que su cuerpo se haya enfriado. Con un par de resultados pasan del amor exacerbado al odio irracional, sin término medio ni periodo de adaptación. Cambian de opinión con facilidad y no por un punto cercano, sino por el más alejado de su posición. Puede que sólo sea una consecuencia de un país donde su presidente una mañana cualquiera afirma que le provoca insomnio gobernar con el mismo partido con el que ha estado gobernando el último año y medio. O puede que yo me esté haciendo mayor y lento a la vez.

            El Atleti se puso líder y la hinchada destilaba ilusión con los fichajes, el Cholo o incluso el peinado de Marcos Llorente. Todo valía. Hasta los dos fichajes de 2017, Costa y Vitolo, parecían despertar con efecto retardado. Luego llegó el parón de selecciones e hicimos lo de siempre, aburrirnos, pensar en nuevas elecciones o en ponernos a dieta, hasta que regresó la liga y comenzamos a preocuparnos otra vez por las cosas importantes. Contra la Real Sociedad llegó la primera derrota de la temporada. Es cierto que fue una derrota sin coartadas, sí, en un partido en que salió todo mal y bastante suerte tuvimos con que el avión aterrizara de vuelta en Madrid sin contratiempos. Pero es igual de cierto que el Atleti seguía por delante de Madrid y Barça, o de que se trataba de la primera derrota, pretemporada incluida, para segar tan pronto las ilusiones. Ahora hay prisa por criticar rápido y si se puede ser hiriente mejor. Y no podemos esconder que hay obviedades, como que a Joao Félix le están sobrando los últimos veinte minutos de cada partido, igual que a mí los tres últimos gintonics de los sábados por la noche. Pero igual de obvio como que tiene diecinueve años y es un jugador en formación o que el equipo ha tenido este año una importante transformación y necesita un periodo de acoplamiento. Pero no hay tiempo para dar tiempo.
            Llegó septiembre, la vuelta a las clases, el periodo de adaptación de los niños y Correa sin encontrar plaza en un cole nuevo. El argentino cotiza a la baja en el Metropolitano y no le ha costado a la turba cebarse con él. Ni en desdeñar a un jugador que nunca ha regateado el compromiso ni el esfuerzo. Le llegaron rápido las críticas, los insultos y las rencillas pasadas, olvidando que en la vida hay que apoyar a los tuyos aunque creas que se han equivocado. Y olvidando que, sobre todo, hay que apoyarlos cuando tienes la certeza de que se han equivocado.
            Quizá el problema sea que se pierde poco y hay una corriente de atléticos que ya sólo están cómodos con la victoria. Me interesa poco esta gente, la verdad. Son los que sólo sienten orgullo por sus colores cuando les acompañan los triunfos. Los que pregonan su pasión cuando hay algo que celebrar. Pero seguramente son también los que olvidan que por muy seductora que sea la sonrisa de un triunfador, nada puede superar la sensación de ofrecerle fuego y compartir un cigarrillo, al tipo derrotado y con magulladuras que apura un whisky a solas al fondo de la barra.
(texto publicado originalmente en La Vida en Rojiblanco el 30 de septiembre de 2019 LAS PRISAS )

martes, septiembre 17, 2019

LAS NOVEDADES


Me entusiasmo tan fácilmente con el Atleti que basta con el cambio de un utillero y un par de carteles de publicidad del estadio en verano para que mire con ilusión la próxima temporada. Estrenar algo, sea un jugador, una camiseta o una cicatriz siempre agrada, porque los veranos ilusionan cuando hay caras nuevas y no cuando te cruzas todos los días con las mismas en el ascensor.
Si un político o un director deportivo dice que pondrá todas sus energías en algo, yo revivo aquel momento en que decía a mis padres que me iba a esforzar al máximo, que lo daría todo en la biblioteca. Y lo daba. En la cafetería de la biblioteca, para ser más exactos. Por eso acojo con escepticismo los fichajes o los esfuerzos denodados. Si aterriza en España un veinteañero inglés con los brazos cargados de tatuajes, lo normal es que en dos meses sea antes noticia por hacer balconing que por congraciarse con la afición. Pero Kieran Trippier, con alguna frase amable y un par de sonrisas, la base para para empezar a ligar de toda la vida, nos ha conquistado. Ya habrá tiempo de ver cómo se le da lo de jugar al fútbol. Muy diferente ha sido el debut de Lodi, que en su estreno como jugador rojiblanco igualó el record histórico de Torrisi y Seitaridis —respeto a las leyendas—, expulsados en sus primeros noventa minutos de Liga. Un precedente como para coger el primer vuelo de vuelta a Brasil. Sin escalas.

Pero si hay una novedad que de verdad seduce a los rojiblancos, es la de João Félix. Muchos aficionados ya se han ilusionado con él porque le ven muchas similitudes con Kaká, que precisamente es lo que a mí me preocupa. En cualquier caso, se trata sin duda de un jugador especial que apunta a estrella en sus regates, firmando autógrafos o encontrando un rincón para orinar. Le bastó el primer partido para dejarnos una jugada de autor y el segundo para urdir el lance decisivo del encuentro. También los rivales han debido notar que apunta a algo grande, porque en ciento ochenta minutos ya le han realizado varias de esas entradas en las que saltan sudor, sangre y la virgulilla de su primer nombre. Este jugador durará en el Atleti un año, dos o los que sean, pero no me voy a preocupar. Sólo pienso en disfrutarlo porque me ha hecho recuperar aquella vieja sensación de cuando comenzaba un nuevo curso y ya tenía a la vista las fiestas de las facultades de enfermería y magisterio.
Además de los fichajes, esta temporada tenemos novedades en la capitanía. La ocuparán Koke y Saúl, dos canteranos que suman juntos casi setecientos partidos de rojiblancos; junto a ellos, Giménez y Oblak, otros dos jugadores a los que se les acumulan temporadas, batallas y títulos con el Atleti. Ves este bagaje y asusta pensar que años atrás el club adolecía tanto de ese vínculo con sus futbolistas, que nombraron capitán a Costinha recién llegado a Madrid, cuando el liderazgo no le alcanzaba todavía ni para organizar la cena de Navidad del equipo.
Y otro de las novedades que puede darse, de aquí al cierre del mercado, es la salida de Ángel Correa. El argentino es un jugador con talento, quizá irregular e inconstante, que no ha explotado como se esperaba, pero con una edad en la que lo mismo puede acabar rompiendo en un futbolista excepcional que viviendo en una autocaravana. En la grada hay división de opiniones con él, pero un jugador con su historia, su intermitencia y ese costurón que le atraviesa el pecho, rezuma ADN atlético.
La Juventus gasta este verano ochenta millones para fichar a De Ligt y en el primer partido de liga la novedad en la defensa es que juegan Bonucci y Chiellini. El Atleti realiza ocho fichajes, ocho novedades en la pantilla y los dos primeros partidos de Liga los gana uno a cero. Cholo Tancredi Simeone. Cambiarlo todo para que nada cambie. Las novedades se nos desgastan rápido.


(texto publicado originalmente en La Vida en Rojiblanco el 29 de agosto de 2019 LAS NOVEDADES )